REVISTA ONLINE PARA HOMBRES

DINERO

15 señales preocupantes de que el perfeccionismo ya está controlando tu vida

Cuando eras niño, como casi todos los chicos, seguramente soñabas con ser un superhéroe. Vencer a cualquier enemigo, no cansarte nunca, encontrar siempre la solución correcta y jamás perder.

Cuando eras niño, como casi todos los chicos, seguramente soñabas con ser un superhéroe. Vencer a cualquier enemigo, no cansarte nunca, encontrar siempre la solución correcta y jamás perder.

La vida adulta, por supuesto, enseña muy pronto que nadie te entrega una capa, que los superpoderes no vienen incluidos en el contrato de trabajo y que las facturas las pagan personas completamente normales.

Sin embargo, para algunas personas ese sueño infantil nunca desaparece. Simplemente cambia de forma.

Así es como nace el perfeccionismo.

A primera vista parece una virtud. Una persona responsable, organizada, disciplinada y que siempre da lo mejor de sí. Pero existe una línea muy fina a partir de la cual el deseo de hacerlo todo bien se convierte en una auténtica trampa.

Cuando cada error parece una catástrofe, cada decisión debe revisarse diez veces y descansar te hace sentir culpable, ya no se trata del camino hacia el éxito. Es vivir en una carrera interior que nunca termina.

Estas son 15 señales de que tu crítico interior lleva mucho tiempo al volante.

Te impones un nivel imposible de alcanzar

Para ti no existe el concepto de «lo suficientemente bien».

Solo hay dos opciones: o es perfecto o es un fracaso absoluto.

Incluso cuando el resultado es excelente, tu mente encontrará algún pequeño detalle para restarle valor a todo el trabajo realizado.

Pedir ayuda te parece una señal de debilidad

«Yo puedo solo.»

Es una de las frases favoritas de los perfeccionistas.

Estás convencido de que nadie hará las cosas tan rápido, tan bien o tan correctamente como tú. Por eso acabas sobrecargándote y asumiendo más responsabilidades de las que deberías.

Quieres tener absolutamente todo bajo control

El plan debe ser perfecto.

El horario no puede cambiar.

Cada viaje debe estar organizado al minuto.

Cualquier imprevisto te desestabiliza, como si el mundo hubiera dejado de funcionar según las reglas.

Descansar te parece una pérdida de tiempo

Mientras otros ven un partido de fútbol o se van de pesca, tú piensas que podrías terminar otra presentación, revisar unos documentos o, por fin, ordenar todos los archivos del ordenador.

Incluso cuando estás tumbado en el sofá, mentalmente sigues trabajando.

Exiges a los demás los mismos estándares imposibles

Te molesta que otras personas trabajen más despacio.

O que hagan las cosas «de cualquier manera».

No entiendes sinceramente por qué no pueden realizar una tarea con la misma perfección que tú.

Pero muchas veces el problema no está en ellos, sino en tus propias expectativas.

Te cuesta abrirte a los demás

El perfeccionista teme mostrar sus debilidades.

Piensa que basta con que alguien descubra un error para perder inmediatamente su respeto.

Por eso, incluso las personas más cercanas a ti a veces no saben realmente qué ocurre en tu interior.

Muchos te consideran un sabelotodo

Aunque nunca haya sido tu intención.

Cuando corriges constantemente a los demás, propones siempre la solución correcta y tratas de demostrar que tienes razón, puedes parecer arrogante.

Y eso no le gusta a todo el mundo.

El estrés se ha convertido en tu compañero permanente

El cuerpo humano no está preparado para funcionar al máximo rendimiento todos los días.

La tensión crónica acaba robándote el sueño, la energía, la concentración e incluso la salud.

Siempre te dejas para el final

Primero el trabajo.

Luego la familia.

Después los amigos.

Y luego otras cien tareas más.

Solo al final de la lista apareces tú.

No es extraño que, tarde o temprano, tus reservas de energía se agoten.

Los errores te asustan más que cualquier dificultad

Puedes pasar días dándole vueltas a una frase desafortunada que dijiste en una reunión o a un correo electrónico con un pequeño error, aunque nadie más se haya dado cuenta.

Por miedo a equivocarte, dejas pasar nuevas oportunidades

¿Empezar un negocio?

¿Cambiar de profesión?

¿Aprender algo nuevo?

«Mejor más adelante.»

O quizá nunca.

Porque si no empiezas, tampoco tendrás que arriesgarte.

Te cuesta tomar decisiones

Analizas todas las opciones.

Luego vuelves a analizarlas.

Y otra vez.

Al final pasa el tiempo y la decisión nunca llega.

Tu autoestima depende de la aprobación de los demás

Un cumplido puede alegrarte todo el día.

Una crítica puede arruinarte toda la semana.

Es como si te vieras constantemente a través de los ojos de los demás, esperando que confirmen tu valor.

Te comparas constantemente con los demás

Alguien tiene un coche mejor.

Alguien gana más dinero.

Alguien ya ha creado su propio negocio.

Alguien ha corrido un maratón.

Las redes sociales solo echan más leña al fuego, creando la ilusión de que todos los demás llevan una vida perfecta.

Casi nunca sabes disfrutar de tus propios logros

¿Has conseguido un ascenso?

«Solo tuve suerte.»

¿Has terminado un proyecto complicado?

«Podría haberlo hecho mejor.»

¿Has alcanzado tu objetivo?

Es hora de encontrar un nuevo motivo para sentirte insatisfecho contigo mismo.

Así es como incluso las mayores victorias dejan de dar satisfacción y la vida se convierte en una carrera interminable tras un ideal imposible de alcanzar.

15 señales preocupantes de que el perfeccionismo ya está controlando tu vida
×
×

Este sitio utiliza cookies para ofrecerte una mejor experiencia de navegación. Al navegar por este sitio web, aceptas el uso de cookies.