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Por qué después de los 40 empezamos a cansarnos más: los científicos señalan la década que más energía consume en la vida

Si tienes la sensación de que después de los 40 tu organismo ha empezado de repente a funcionar con unas reglas diferentes, quizá no sea solo una impresión. Los científicos creen que la década posterior a los 40 puede convertirse en uno de los periodos más exigentes para el organismo humano, y la razón no está únicamente en el número que aparece en el documento de identidad.

Si tienes la sensación de que después de los 40 tu organismo ha empezado de repente a funcionar con unas reglas diferentes, quizá no sea solo una impresión. Los científicos creen que la década posterior a los 40 puede convertirse en uno de los periodos más exigentes para el organismo humano, y la razón no está únicamente en el número que aparece en el documento de identidad.

¿Recuerdas aquellos tiempos en los que podías quedarte con tus amigos hasta las tres de la madrugada, dormir unas pocas horas, tomar un café y aun así levantarte a la mañana siguiente con el aspecto de alguien que cree que la vida es maravillosa?

A los 20 años, el organismo suele perdonarnos casi todo: dormir poco, entrenar de forma irregular, alimentarnos de cualquier manera, trabajar hasta altas horas de la noche y vivir rodeados de interminables fechas límite.

Pero llega un momento en el que una sola noche sin dormir se convierte de repente en una operación de recuperación que dura tres días.

Y, según los especialistas, existe una explicación completamente científica para ello.

Los 40: cuando la vida empieza a consumir más energía

Michelle Spear, anatomista de la Universidad de Bristol, explica que el periodo de aproximadamente diez años posterior a los 40 puede resultar especialmente agotador para muchas personas.

La razón es paradójica: durante esta etapa, el organismo todavía es capaz de producir suficiente energía, pero ya no lo hace de la misma manera que durante la juventud.

Al mismo tiempo, precisamente en este periodo suele concentrarse la mayor cantidad de responsabilidades de la vida.

La carrera profesional entra en una nueva etapa. El trabajo exige más responsabilidad. Aparecen los hijos o adolescentes que necesitan atención. Hay que pagar facturas, mantener las relaciones, cuidar de los padres, resolver cuestiones domésticas y, de alguna manera, encontrar también tiempo para uno mismo.

El organismo cambia.

Pero las exigencias que recaen sobre él no.

Y ahí puede estar el principal conflicto.

Por qué a los 20 podíamos pasar la noche en vela y a los 40 ya no tanto

Durante la juventud, nuestro organismo cuenta con un potente sistema de producción de energía. Las mitocondrias desempeñan un papel fundamental en este proceso: son una especie de «centrales energéticas» de nuestras células.

A los 20 años funcionan de manera eficiente y el cuerpo se recupera más rápidamente después de los esfuerzos físicos y psicológicos.

Por eso, después de una fiesta podías dormir cuatro horas, levantarte, ducharte y marcharte a estudiar o trabajar.

Hoy, un experimento similar puede terminar de una manera completamente diferente.

Después de los 30 años, especialmente cuando no se practica actividad física con regularidad, la persona empieza a perder masa muscular de forma gradual. Esto significa que incluso las actividades cotidianas pueden requerir más recursos.

Las mitocondrias continúan produciendo energía, pero la eficiencia de este proceso puede cambiar. Al organismo le resulta más difícil recuperarse rápidamente y las consecuencias de la falta de sueño, el estrés y el agotamiento se vuelven cada vez más evidentes.

Y aquí aparece esa frase que muchos hombres conocen demasiado bien:

«Si no he hecho nada especial, ¿por qué estoy tan cansado?»

El problema no está solo en la edad, sino también en los músculos

Uno de los mayores errores después de los 30 años consiste en pensar que la condición física seguirá siendo la misma aunque no hagamos nada para conservarla.

Durante la juventud, el cuerpo suele mantenerse en forma casi de manera automática. Pero con la edad, la masa muscular disminuye gradualmente si no recibe el estímulo necesario.

Y los músculos no son solo una cuestión de apariencia.

Un cuerpo fuerte afronta mejor las cargas cotidianas, ayuda a conservar la movilidad y permite que el organismo utilice la energía de manera más eficiente.

Por eso, el entrenamiento de fuerza se vuelve especialmente importante durante la mediana edad y en las etapas posteriores de la vida.

Y no estamos hablando necesariamente de pasar horas en el gimnasio o intentar levantar un peso capaz de destruir la autoestima al mismo tiempo que la zona lumbar.

Una actividad física regular y bien planificada puede ser mucho más beneficiosa que esas visitas heroicas y esporádicas al gimnasio con las que intentamos compensar todo lo que no hemos hecho durante meses.

Después de los 40, el sueño también empieza a funcionar con otras reglas

Existe otra razón por la que un hombre de más de 40 años puede despertarse por la mañana con la sensación de haber pasado toda la noche descargando vagones.

Con la edad, el sueño puede volverse menos profundo y menos reparador.

Durante la juventud, el organismo suele entrar fácilmente en las fases profundas del sueño que favorecen la recuperación. Con los años, los mecanismos responsables de la calidad y la estabilidad del sueño pueden funcionar con menor eficacia.

Y a esto hay que añadir el estrés.

Durante la juventud, los problemas pueden parecer enormes, pero después de los 40 las responsabilidades suelen multiplicarse. Y el cerebro no siempre entiende que la jornada laboral ya ha terminado.

El cuerpo está tumbado en la cama.

Pero la cabeza sigue trabajando.

Las facturas, las fechas límite, las cuestiones familiares, la carrera profesional y el futuro pueden mantener al organismo en un estado de tensión incluso durante la noche.

Como resultado, una persona puede pasar ocho horas en la cama y despertarse como si solo hubiera descansado la mitad del tiempo que necesitaba.

Cortisol: cuando el estrés no quiere irse a dormir

Otro problema está relacionado con la manera en que el organismo responde al estrés.

Con la edad, el sistema de respuesta al estrés puede volverse más sensible. Esto significa que los niveles de cortisol, la hormona del estrés, pueden permanecer elevados cuando el organismo ya debería haber pasado hace tiempo al modo de recuperación.

Y si el cerebro sigue percibiendo la noche como un momento para resolver problemas, la calidad del sueño se resiente.

Se crea un círculo vicioso.

El estrés empeora el sueño.

El mal descanso aumenta el cansancio.

El cansancio reduce la capacidad para afrontar el estrés.

Y a la mañana siguiente, todo vuelve a empezar.

Los 40 también son la década de la multitarea máxima

Existe otro factor que a menudo olvidamos.

Una persona de más de 40 años puede ser físicamente tan activa como cuando tenía 20, pero al mismo tiempo gastar mucha más energía mental.

A los 20, el principal problema puede ser una pregunta tan sencilla como: «¿Adónde vamos esta noche?»

A los 40, la lista de preguntas es bastante más larga.

¿Cómo desarrollar la carrera profesional? ¿Cómo ganar más dinero? ¿Cómo mantener a la familia? ¿Cómo educar a los hijos? ¿Cómo ayudar a los padres? ¿Cómo mantener una relación? ¿Cómo encontrar tiempo para hacer deporte? ¿Cómo conseguir, al menos de vez en cuando, estar simplemente a solas con uno mismo?

A nuestro cerebro no le gusta estar cambiando constantemente entre decenas de tareas.

Pero eso es precisamente lo que muchas veces se convierte en la norma de la vida adulta.

Por eso, el cansancio después de los 40 no tiene por qué ser únicamente físico.

Puede ser cognitivo.

Emocional.

E incluso social.

Pero hay una buena noticia: los 40 no son el principio del fin

Lo más interesante es que, según Michelle Spear, este cansancio no significa necesariamente un envejecimiento irreversible.

Las personas envejecen de maneras diferentes.

Dos hombres de la misma edad pueden tener niveles de energía, condición física y capacidad de recuperación completamente distintos.

La razón es que el estado del organismo depende no solo de la edad biológica, sino también de la carga que una persona ha acumulado durante las décadas anteriores.

Y aquí aparece una buena noticia.

Muchas cosas se pueden cambiar.

Después de los 60, el organismo todavía puede sorprenderte

Con el paso de los años, el organismo continúa adaptándose.

Con una actividad física adecuada, las mitocondrias pueden adaptarse a las nuevas condiciones, mientras que el ejercicio regular ayuda a mantener el buen funcionamiento del organismo.

Los ejercicios de fuerza adquieren una importancia especial.

Y aquí hay un detalle importante: nunca es demasiado tarde para empezar.

Aunque a los 60 años ya no puedas hacer lo mismo que a los 20, eso no significa que tengas que resignarte a vivir con cansancio constante.

Al contrario, la actividad física puede ayudar a conseguir que los niveles de energía sean más estables y predecibles.

En otras palabras, el objetivo no es recuperar el cuerpo de un chico de 20 años.

El objetivo es crear la versión más fuerte de ti mismo que puedas ser hoy.

Qué puede hacer un hombre después de los 40 para no vivir con la batería en reserva

La fórmula que proponen los especialistas no parece revolucionaria. Pero precisamente las cosas sencillas son las que más a menudo ignoramos.

En primer lugar, dormir. Mantener un horario regular y disfrutar de suficiente descanso de calidad se vuelve mucho más importante que durante la juventud.

En segundo lugar, el entrenamiento de fuerza. Los músculos no solo deben conservarse: hay que utilizarlos. La actividad física regular ayuda a mantener la fuerza y la funcionalidad del cuerpo.

En tercer lugar, gestionar el estrés. No se trata simplemente de soportarlo, sino de aprender a manejarlo. Caminar, hacer deporte, descansar, relacionarse con otras personas y contar con apoyo psicológico pueden formar parte de un sistema saludable de recuperación.

En cuarto lugar, la alimentación. El organismo necesita recursos para mantener la masa muscular y recuperarse. Es importante prestar especial atención a un consumo suficiente de proteínas y a la calidad general de la dieta.

Y, por último, dejar de considerar el cansancio como un fracaso personal.

Quizá el problema no sea que te hayas vuelto más débil

Después de los 40, muchos hombres empiezan a compararse con la versión de sí mismos que tenían a los 20.

Y casi siempre es una estrategia destinada a la derrota.

Aquel chico podía pasar toda la noche sin dormir.

Tú puedes trabajar diez horas, entrenar, criar a tus hijos, resolver problemas y cargar sobre tus hombros con la mitad del mundo.

Él podía correr diez kilómetros sin preparación.

Tú quizá tengas más fuerza, disciplina y experiencia vital.

Él se recuperaba más rápido después de una noche sin dormir.

Quizá tú simplemente has aprendido a valorar más el sueño.

Y eso no es debilidad.

Es una fisiología diferente y una vida diferente.

La principal idea de estas investigaciones no es que después de los 40 una persona esté condenada a vivir cansada. Al contrario. Es una etapa en la que el organismo empieza a exigir que lo tratemos de otra manera.

Ya no necesitas demostrar que puedes sobrevivir durmiendo cuatro horas.

No tienes que esperar a que tu cuerpo sea el primero en pedir ayuda.

Y tampoco necesitas intentar recuperar la energía que tenías a los 20.

Tu tarea es mucho más interesante: crear un sistema en el que tengas energía no para un solo día brillante, sino para toda la vida.

Porque la verdadera fuerza después de los 40 ya no consiste en ser capaz de trabajar sin parar.

Consiste en saber cuándo hay que pisar el acelerador y cuándo, por fin, ha llegado el momento de frenar.

Por qué después de los 40 empezamos a cansarnos más: los científicos señalan la década que más energía consume en la vida
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